Mercedes Cabello de Carbonera (1845-1909)

“Con el encanto misterioso que según antiguas crónicas encierra esta sencilla confección dicen que Madame Scarron -después marquesa de Maintenon- curó a su marido de la embriaguez. El paralítico, para distraerse, en su inmovilidad, dio en beber y diariamente se embriagaba. Maldita la gracia que hacía a esto a una dama tan acicalada como ella. Pero qué hacer. Necesario era contemporizar con aquella naturaleza humana en el pobre infirme que a ratos se aburría. Más ¿para cuándo la astucia diplomática de la mujer ha servido sino para estos casos supremos?

Madame Scarron sabía cuánto gustaba a su marido la sangría helada; y queriendo darse cuenta de que era bien servido la confeccionaba ella misma. De repente Scarron vio llegar, en una calurosa jornada de julio, la hora del mediodía sin la refrescante copa. La esposa llegó y se sentó a su lado, pero… con las manos vacías.

Scarron la miró consternado, creyendo que algo de extraordinario había sucedido. Nada: su mujer tenía un aire plácido y serio. El paralítico se atrevió a más y preguntó por su refresco:

-Ah, querido. Anoche en casa de Ninon oí una conversación entre dos científicos que fue providencial. Dicen que la combinación del vino con el agua, hielo, azúcar, limón, canela y nuez moscada, forma un todo tan extraño que al beberse se torna despótico y celoso de toda asimilación, destruyendo al recipiente que lo recibe. Pensad querido cuántos combates habían de comenzar a torturarlo, antes de su final destrucción, si yo no acudo a impedirlo. A partir de hoy destierro a ese enfadoso déspota que busca vuestro mal para dejar libre paso y tranquila residencia a otros amables huéspedes que vienen a alegraros.

¿Fue su propia experiencia o la de Monsieur de Laclos la que había enseñado a esta
mojigata que el hombre es un espíritu de contradicción? ¡Quién sabe! Lo cierto es que excepto  los dos vasos de vino del Rhin que bebía con las comidas, la sangría helada dejó de reinar en los dominios de Scarron.

Pero por si os interesa, aquí va la receta.

Se corta muy delgada la piel de seis limones maduros y se ponen en infusión por dos horas, con tres vasos de agua, trozos de buena canela y el azúcar suficiente para endulzar.

Se cuela todo por un tamiz; se baten dos claras de huevo y se mezclan con un polvo de nuez moscada. Se vierte sobre todo esto una botella de buen vino tinto y se hiela.

Yo, de ser madame Scarron, habría atenuado su rigor, y en invierno hubiera servido la sangría en la ponchera dándole en el fuego un hervor y, convertido en un exquisito ponche, sobre bandeja de plata y en copa de medio litro, la habría llevado a mi pobre paralítico para calentar sus enfriados huesos.”

Mercedes Cabello de Carbonera para Cocina ecléctica de Juana Manuela Gorriti (1890), en La vida escrita por las mujeres, vol. La pluma como espada, Anna Caballé (ed.), Lumen, 2004.