Juana Manso (1819–1875)

Juana Manso

“En todos los inconvenientes que resultan de su falsa posición; con un tutor perpetuo que a veces es lleno de vicios y estupidez, la mujer tiene con todo que bajar la cabeza sin murmurar, decirle a su pensamiento no pienses, a su corazón no sangres, a sus ojos no llores, y a sus labios reprimid las quejas!

Por qué? Si, por qué ese largo martirio que empieza y acaba con la vida de la mujer?

Por qué se condena su inteligencia a la noche densa y perpetua de la ignorancia?

Por qué se ahoga en su corazón desde los más tiernos años, la conciencia de su individualismo, de su dignidad como ser que piensa, y siente? Repitiéndole: no te perteneces a ti misma, eres cosa y no mujer?

Por qué reducirla al estado de hembra cuya única misión es perpetuar la raza?…

Por qué cerrarles las veredas de la ciencia, de las artes, de la industria, y así hasta la del trabajo, no dejándoles otro pan que el de la miseria, o el otro mil veces horrible de la infamia?

…Todo le quitáis a la mujer! Todo lo que puede caber en la misión grandiosa de la inteligencia, donde toman parte la sensibilidad y la voluntad libre. Pero le halagáis su vanidad, le excitáis el amor al lujo, a los dijes, a los tocados; ciegos dólatras de su belleza sois el incentivo funesto de la corrupción, porque si no sabe lo que es su alma, qué le importa a la mujer venderla por un puñado de alfileres de oro?…

La conciencia, el honor, la dignidad, qué son para la mujer? Quién le habla de esto? Conciencia? Vos se lo traducís por salvar las apariencias. Teme al mundo. Pero en temerse a sí misma, en avergonzarse de sí misma, quién le enseña? Honor? Y para qué quiere honor la mujer?

Ella no tiene palabra de honor, quién se fía en palabras de mujer? Su honor? De soltera es el honor del padre o del hermano el que guarda, de casada, es el del marido!… Insensatos!”

Juana Manso, La emancipación moral de la mujer (fragmento). En Álbum de señoritas y Correo de la moda : periódico de literatura, educación, música, teatros y modas, n.1, Buenos Aires, 1 de enero de 1854