Carmen de Burgos (1867-1932)

«Desde el punto de vista de la moral, el divorcio tiene grandes ventajas. Hay quien ha hablado del amor, como argumento en contra del divorcio. Los esposos que se amen no se separarán nunca, permítanlo o no las leyes; eso es indudable.

¿Que si después de haberse amado pueden aborrecerse? Esa es una cuestión en la que entran igualmente la psicología y la fisiología; y la experiencia demuestra que el caso sucede con harta frecuencia.

Cuando esto se verifica, la ley natural falla la causa; los cuerpos no deben estar unidos si los espíritus se repelen.

Divorciados moralmente los esposos, no están lejos las traiciones, el odio, el engaño y hasta el crimen… Es horrible el hogar de dos seres que se aborrecen y que saben que sólo la muerte puede separarlos.

En estas condiciones es absurdo condenar el adulterio. Cuando teniendo facultad de separarse y de formar un hogar nuevo los esposos se engañan, la pena debe ser severísima; pero mientras las leyes les obliguen a vivir juntos, la traición es una consecuencia lógica; no todos los seres humanos tienen bastante voluntad para ser héroes o mártires. (…)
Con divorcio o sin él, el abuso ha existido siempre. Entre los pueblos primitivos y entre los judíos, griegos y romanos, existía el repudio; el hombre, el señor, el fuerte, desechaba o esclavizaba a la mujer.

En todo tiempo el fuerte tiraniza al débil cuando deja de amarlo, y es moral permitir la separación que pone término al martirio. (…)

Las leyes han de garantir también la suerte de los hijos, y su educación sufrirá menos en un hogar tranquilo, al lado del padre o de la madre inocente, que entre el continuo batallar del odio y las ofensas. (…)

De nuestro plebiscito resulta que la opinión de España es favorable al divorcio, y es indudable que se establecerá entre nosotros como conquista de la civilización.»

El divorcio en España. Madrid, Viuda de Rodríguez Sierra (M. Romero impresor), 1904 (pág. 139-142)

“No soy ambiciosa ni me importa el juicio ajeno. La calumnia se estrella a
mis pies lamiéndolos mansamente como el agua del mar a las rocas
inquebrantables.

Detesto la hipocresía y como soy independiente, libre y no quiero que me
amen por cualidades que no poseo, digo siempre todo lo que siento y que se
me antoja. Así los que me quieren, me quieren de veras. Los que me
detractan por la espalda, se quitan el sombrero delante de mi. Jamás pensé
en el medro personal a costa de mi libertad o de abjurar de mis
convicciones.

Hechos de mi vida? Ninguno notable. Me crié en un lindo valle andaluz,
oculto en las últimas estribaciones de la cordillera de Sierra Nevada a la
orilla del mar frente a la costa africana. En esa tierra, mora, en mi
inolvidable Rodalquilar, se formó libremente mi espíritu y se desarrolló mi
cuerpo. Nadie me habló de Dios ni de Leyes y yo me hice mis leyes y me
pasé sin Dios.

Allí sentí la adoración al panteísmo, el ansia ruda de los afectos nobles, la
repugnancia a la mentira y los convencionalismos…
(…)

Hoy solo creo en el arte y acepto el amor como bella mentira, una forma
más perfecta de la amistad.»

Carmen de Burgos, Autobiografía (fragmento)

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