Carmen de Burgos (1867-1932)

“No soy ambiciosa ni me importa el juicio ajeno. La calumnia se estrella a
mis pies lamiéndolos mansamente como el agua del mar a las rocas
inquebrantables.

Detesto la hipocresía y como soy independiente, libre y no quiero que me
amen por cualidades que no poseo, digo siempre todo lo que siento y que se
me antoja. Así los que me quieren, me quieren de veras. Los que me
detractan por la espalda, se quitan el sombrero delante de mi. Jamás pensé
en el medro personal a costa de mi libertad o de abjurar de mis
convicciones.

Hechos de mi vida? Ninguno notable. Me crié en un lindo valle andaluz,
oculto en las últimas estribaciones de la cordillera de Sierra Nevada a la
orilla del mar frente a la costa africana. En esa tierra, mora, en mi
inolvidable Rodalquilar, se formó libremente mi espíritu y se desarrolló mi
cuerpo. Nadie me habló de Dios ni de Leyes y yo me hice mis leyes y me
pasé sin Dios.

Allí sentí la adoración al panteísmo, el ansia ruda de los afectos nobles, la
repugnancia a la mentira y los convencionalismos…
(…)

Hoy solo creo en el arte y acepto el amor como bella mentira, una forma
más perfecta de la amistad.”

Carmen de Burgos, Autobiografía (fragmento)